martes, 7 de mayo de 2013

EL MISTICISMO EN LA NOVELA

Una novela es un texto complejo en el que tienen cabida muchas realidades. Al menos así debe ser. "El Escudo de Granada" es una novela histórica y, como tal, ofrece una descripción de un lugar concreto en un momento concreto (el reino de Granada a finales del siglo XV, cuando resistía con dificultad al acoso de Castilla y Aragón). Pero aparte de esto, también he intentado ofrecer una concepción del mundo que sea coherente con aquellos tiempos. Como eje argumental situé una historia de evolución personal de la que no voy a hablar demasiado por si lee esta entrada alguien que piense leer la novela y todavía no lo haya hecho. Al hilo de esta evolución inserté pinceladas de una forma de misticismo muy curiosa que en el reino de Granada tuvo mucha aceptación. Se trata del sufismo, el misticismo islámico, que supo coexistir con el malikismo oficial. 

El malikismo como corriente religiosa islámica defiende una postura conservadora, estática, que no deja mucho margen a la libre interpretación o al análisis de los textos. El sufismo en cambio es un camino de acercamiento a Dios con plena libertad y cierto individualismo. Precisamente esa libertad fue la que atrajo a muchos granadinos, sobre todo de las clases acomodadas. Granada era malikí, pero en multitud de hogares se leían las obras de santones, ascetas y místicos, y se practicaban sus técnicas de toma de conciencia. El sufismo (hay que especificar que dentro de esta forma de misticismo se engloban muchas escuelas particulares) aboga por la búsqueda de Dios dentro de uno mismo, como una realidad que está presente en nosotros. Al igual que las actuales formas de misticismo, busca una disolución del ser, entendido como construcción humana y mental, para conseguir conectar con nuestra alma, que es la forma en la que Dios reside en nosotros. De esta manera, la búsqueda de Dios se hace en el interior, a través de la meditación y del retiro de la realidad mundana. 

Debo reconocer que estas teorías siempre han llamado poderosamente mi atención y creo firmemente en los beneficios de la meditación como técnica de autoconocimiento e incluso de sanación.
Como me dijo Avihay, un gran místico de nuestros tiempos, la divinidad está en ti. Con esta afirmación como bandera podemos conseguir grandes logros.
Esta convicción se manifiesta en la novela a través de la historia central de evolución personal, un camino de mejora que emprende el protagonista y que cualquiera de nosotros puede emprender.