lunes, 12 de agosto de 2013

BAJO LAS ESTRELLAS

Se tumbaron junto a la ciénaga, sobre un lecho arenoso de antiguas inundaciones. Drunan levantó la cabeza de su hijo y juntó un pequeño montón de tierra para que le sirviera de apoyo. Boca arriba, ambos tenían la sensación de estar flotando en un mar de estrellas. El brillo titilante los hipnotizaba y les producía una sensación de vértigo, de caída hacia arriba. 
-Me encanta -dijo el pequeño. 
El padre sonrió y se mantuvo en silencio. Las noches eran muy cortas en aquella estación y quería saborear ese momento de poesía y belleza. 
-¿Vendremos todas las noches? 
-Si quieres, sí, hijo. 
El hombre se encontraba satisfecho, su hijo era como él, sabía apreciar aquellos sencillos regalos que la Madre les ofrecía. Tal vez pudiera ocupar su lugar cuando creciera. Sería un buen guía para su pueblo. 
-¿Cuál es esa estrella? 
-¿Aquella? -preguntó señalando la más brillante. El pequeño asintió-. Es una estrella como la nuestra, la que nos da vida y calor, pero está lejos. ¿Sabes?, los hombres de ciencia afirman que alrededor suya orbita un planeta muy parecido a éste, con condiciones muy buenas para albergar vida. 
En ese instante los ojos del niño se encendieron de interés. 
-¿Se ve desde aquí? -el padre señaló una débil luz cercana a la estrella-. ¡Uaah! -exclamó su hijo. 
-Es el tercer planeta de ese sistema y tiene un satélite. 
-¿Sólo uno? 
-Sí, hijo, sólo uno. Según los sabios, ese planeta tiene más agua que tierra, ¿te lo puedes imaginar? 
La mente del niño voló e intentó visualizar cómo sería un planeta con tanta agua. Sin duda, estaba fascinado por aquella visión. A partir de aquel momento permaneció callado, absorto en sus pensamientos, observando la minúscula luz rodeada por la inmensidad del firmamento. Una curiosa sensación lo invadió y le hizo estremecerse. Sintió que desde aquel punto perdido en un mar de estrellas, alguien le devolvía la mirada…