sábado, 12 de octubre de 2013

LA TRILOGÍA DE NUEVA YORK (PAUL AUSTER)

Vuelvo después de un breve paréntesis con una nueva reseña sobre el último libro que he leído. En estos días he estado bastante ocupado, trabajando en mi tercera novela y colaborando con los organizadores del blog de las jornadas de novela histórica de Granada. Por cierto, os animo a que visitéis el blog, donde se publican contenidos muy interesantes.

A Paul Auster ya había tenido el placer de leerlo (Brooklyn follies), pero me quedé con ganas de explorar más su narrativa, que yo calificaría de “urbanita”. También conocía su trabajo como guionista en una de mis películas favoritas: Smoke. En “La trilogía de Nueva York” he encontrado al Auster más introspectivo, que utiliza ese constante marco urbano de Nueva York para reflexionar sobre la condición humana y su fragilidad. Desde mi punto de vista, la obra, dividida en tres partes que, de alguna manera, se conectan, tiene un eje que las vertebra y les da sentido: los desequilibrios. En las tres historias aparecen personajes cruelmente marcados por una vida insana, llena de artificios, que los despeña por un acantilado hacia la falta de identidad y la negación del ser. Son personalidades fuertes, pero al mismo tiempo sensibles, que se dejan marcar a fuego por una realidad oprimente que los acaba quebrando y rompiendo su equilibrio emocional. Personas que podríamos llamar disfuncionales, pero que todos los entornos urbanos actuales producen y mantienen. 

Sobre la técnica, de nuevo vemos en el autor ese estilo de telaraña que tanto lo caracteriza, con pequeñas historias laberínticas que nos conducen a un final incierto, donde parecen cobrar sentido. Su prosa es correcta y poco recargada, lo cual se agradece en una trama tan compleja. 

Por tanto, a modo de conclusión, diría que la novela me ha gustado más como reflexión, como ensayo sobre la cordura, que como obra literaria. Te plantea numerosas incógnitas y tiene el mérito de hacerte participar de la historia, de elucubrar a la par de los personajes.