martes, 2 de julio de 2013

HERMAN HESSE

Acabo de terminar de leer "Narciso y Goldmundo", una novela del gran Herman Hesse. Curiosamente, gracias a mi amiga Mari Ángeles, me he enterado de que tal día como hoy nació este autor, premio Nobel de literatura. Como todo lo que he leído de Hesse, me ha encantado, aunque debo reconocer que no está a la altura de Siddhartha o Demian. 
Su prosa culta resulta fluida y combina a la perfección con una historia bien tramada que te atrapa como un cuento de hadas. Habiendo leído otras obras de este autor, me permito analizar el contenido partiendo de su atracción por la espiritualidad y su contacto con el mundo oriental y su filosofía. 
Desde mi punto de vista, la historia que se narra es una metáfora de la dualidad humana, siempre en pugna por conseguir un equilibrio entre el "alma femenina" y el "alma masculina". Según la mística, ambas almas moran en nuestro interior, representando lo masculino a la fuerza, la razón, la voluntad..., y lo femenino a la sensibilidad, lo sentimental, lo emocional... En la novela, Narciso representa al alma masculina, con un discurso intelectual coherente y preciso, buscando seguridad y estabilidad. Goldmundo representa al alma femenina, que se deja llevar por las emociones, cambiando constantemente, experimentando la vida intensamente y huyendo de la seguridad de la vida apacible. Cuando Herman Hesse habla de lo femenino y lo masculino no se refiere a generalizaciones sobre hombres y mujeres, sino más bien a rasgos que están presentes a la vez en unos y otras, por lo que no necesariamente una mujer tiene que sentirse identificada con el "alma feminina" de la que se habla en la novela. 
La historia es interesante y narra cómo Narciso y Goldmundo se conocen en un monasterio (que para mí representa la unidad) y cómo Goldmundo enseguida siente el impulso de abandonarlo y lanzarse a la aventura, a pesar del gran aprecio que siente por su amigo. Como en otras obras, se cuenta una historia de evolución del individuo, que emprende un viaje iniciático de aprendizaje. En este viaje Goldmundo tiene contacto con la vida en estado puro, con la sexualidad, con la libertad, con el éxtasis y también con la muerte. Sin embargo, Narciso espera paciente en su monasterio, dedicado a sus estudios y a su carrera en la jerarquía monacal. 
Dos caras de una misma realidad, dos impulsos vitales que viven dentro de cada ser. La reflexión que se puede extraer tras leer esta obra es que la felicidad se encuentra en el equilibrio, en la coexistencia pacífica entre las dos tensiones, en una vida apacible y segura en la que tengamos espacio para que nuestro lado emocional se exprese y se desahogue. ¿Cómo conseguirlo? Hay un único destino, pero mil caminos llevan a él...