domingo, 9 de junio de 2013

VULGARIZACIÓN DE LA CULTURA

Somos lo que consumimos. La frase original es “somos lo que comemos” y se trata de una afirmación muy certera. Si observamos la naranja antes de comérnosla le podemos susurrar tranquilamente: -Tú serás yo. Realmente el alimento pasa a formar parte de nosotros, nuestro cuerpo lo digiere, lo transforma y lo integra. Precisamente por eso tenemos que controlar qué comemos. 
La frase que propongo es una pequeña variante de ésta que la hace extensiva a otros ámbitos. Todo lo que consumimos se convierte, de una u otra forma, en nosotros. Me refiero primordialmente al consumo cultural, a aquello que leemos, oímos o vemos. Los productos culturales también se quedan con nosotros, crean nuestra personalidad, nuestra manera de entender el mundo, nos transforman… También en este caso tenemos que cuidar lo que consumimos. 
Últimamente hay una tendencia general a lo breve y mediocre, escudándonos en que tiene que “llegar” a todo el mundo. En resumen, desde mi punto de vista, nos tratan como a niños, decidiendo por nosotros lo que podemos o no podemos ver. Además, con esta actitud, mantenemos la ignorancia del que no sabe. Si queremos una sociedad bien informada, culta, con capacidad de crítica, debemos alimentarla con productos culturales de calidad. También es cierto que la oferta debe ser amplia, pero no podemos sacrificar la excelencia por la mediocridad de una masa acrítica. No se trata de elitismo, más bien es todo lo contrario. Lo que propongo es que todos tengamos acceso a esos productos, que la cultura sea un bien deseado y consumido por todos. 
¿Dónde empieza este trabajo? Como es fácil deducir, en la educación. En nuestros colegios está la clave para conseguir una sociedad más preparada, más consciente de su realidad, más interesada por su entorno y, en definitiva, mejor. Tenemos unos profesionales de la enseñanza insuperables, pero unos políticos ineptos que aprovechan sus legislaturas para deshacer la huella del gobierno anterior, sin tener en cuenta que la educación debe ser objeto de un gran pacto social que mantenga un criterio único. 
En el campo de la literatura, asistimos a unos tiempos en los que las grandes editoriales publican con un mínimo de calidad y un máximo de expectativas comerciales. Se publican novelas de escaso nivel literario que se venden en función de modas. De igual forma sucede en el cine, la música... 
Por tanto, a modo de resumen, la solución a esta vulgarización de la cultura pasa por mejorar la demanda a través de la educación, y la oferta a través de un trabajo serio de las productoras y editoriales.